Garabatos al margen

Filosofía, política y otras hierbas

Liberalismo político y liberalismo económico

Existe un cierto desconcierto ante la palabra ‘liberalismo’ entre aquellos que llevan varias décadas en la lucha por la emancipación y la justicia social. Los militantes de la izquierda que vivieron la Transición se encuentran con que, hace cuarenta años, ser liberal era de izquierdas y ahora la derecha enarbola la bandera del liberalismo como propia. Este desconcierto ha hecho que la izquierda se haya visto en la necesidad de buscar nuevos odres para viejos vinos. Así, mientras que los europeos han rebautizado a los viejos defensores del liberalismo económico añadiéndoles la partícula ‘neo-’, la izquierda estadounidense ha preferido denominarlos neoconservadores. El caso es que da lo mismo cómo los llamemos. Ellos insisten en presentarse como liberales y no les falta razón para hacerlo. Al fin y al cabo, defienden el libre comercio, la libre competencia y la más amplia gama de las libertades cívicas y políticas. Llamar liberales a aquellos que defienden la ecuación “democracia más libre mercado” no parece descabellado. El problema está en que a la generación que luchó por la libertad durante los últimos estertores del franquismo, también le conviene con justicia el calificativo de liberal. Al fin y al cabo, reclamaban las libertades cívicas básicas. En una España en la que la moral católica permitía un único estilo de vida, luchaban por el derecho de cada cual a elegir su propio camino para alcanzar la felicidad. Ser liberal se convirtió así en sinónimo de persona que sigue un estilo de vida independiente de la moral tradicional. Esas mismas personas que en el pasado se declaraban liberales suelen sentir escalofríos cuando ven cómo los viejo-nuevos librecambistas enarbolan la bandera de la libertad para cercenar el Estado de bienestar. Los que pertenecemos a generaciones posteriores también solemos sentir ese desconcierto.  De un lado, hemos sido educados en el valor de la libertad y, de otro, hemos asistido al incremento sostenido de las desigualdades sociales y del sufrimiento global en nombre del liberalismo. Ésta ambigüedad se debe a que estamos tratando con dos tipos de liberalismo distintos, el político y el económico. Aunque haya gente interesada en presentarlos como inseparables, lo cierto es que son dos teorías o doctrinas políticas totalmente distintas.

El liberalismo político postula el derecho a la máxima libertad de cada cuál para elegir cómo vivir su vida. En ella se incluyen las libertades civiles clásicas como las de conciencia, expresión, asociación y reunión. La principal función del Estado liberal sería la de garantizar la libertad de todos. Se trataría de un Estado que nos protege de las injerencias de los demás en nuestra libertad y, al mismo tiempo, está limitado en su propio poder por el derecho de los ciudadanos a la libertad.  En cambio, el liberalismo económico sostiene básicamente la necesidad de que los Estados no intervengan  en los procesos de mercado. Este tipo de liberalismo incluye la libertad de los agentes económicos para fijar los precios y autorregularse junto con la idea de que hay que limitar los Estados a su mínima expresión. El Estado -arguyen los librecambistas- no debe prestar servicios que sean susceptibles de ser prestados por la iniciativa privada. Hacerlo sería una interferencia injustificada en la libre competencia. Más aún, piensan que los servicios públicos, que tengan por función igualar los puntos de partida redistribuyendo la riqueza, constituyen un ataque intolerable contra los derechos elementales a la libertad y la propiedad privada.

No sólo son teorías distintas sino que son independientes entre sí. No se necesitan ni se implican mútuamente. Un régimen puede ser liberal en lo económico pero no en lo político (el Chile de Pinochet), liberal en lo político pero no en lo económico (las socialdemocracias escandinavas), liberal en lo político y en lo económico (el ideal al que aspira EE.UU) y puede también ser contrario al liberalismo tanto en lo económico como en lo político (el comunismo real). Además, no sólo son independientes en la práctica, sino también en el plano teórico. Alguien puede defender cualquiera de ellos sin comprometerse con el otro porque se trata de dos teorías que tienen fundamentos filosófico distintos. El neoliberal querría que no fuese así. Querría que la libertad política y la económica pudiesen defenderse como una única cosa para así poder tachar de totalitarista a cualquiera que critique el libre mercado. De hecho, en algunos contextos, criticar las injusticias generadas por el libre mercado suele aparecer como algo equivalente a defender los gulag, la persecución político-religiosa o cualquier otra suerte de atropello a la libertad individual. La lógica del neoliberal en este asunto es aplastante: si dudas de la bondad del libre mercado, entonces eres como Stalin o peor. Si quieren algún ejemplo de cómo se aplica esta apisonadora ideológica no tienen más que ver alguna tertulia en el TDT Party.

Retomando el hilo, decíamos que liberalismo político y económico son dos teorías independientes entre sí porque se fundamentan en concepciones filosóficas distintas. Empecemos por el liberalismo político.  Existen dos lineas clásicas de fundamentación del principio de que el Estado debe garantizar la máxima libertad posible para todos. La primera de ellas es la que se basa en la existencia de un derecho natural e inalienable a la libertad. Siendo así que la libertad nos pertenece por el hecho de nacer humanos, la función del Estado no puede ser otra que la de garantizar tal derecho. El más celebre de los fundadores de esta doctrina fue John Locke. Según este filósofo, la libertad es un derecho tan natural que aun en el caso de que no existiese ninguna institución y el género humano viviese en la más absoluta anarquía, seguiría perteneciéndonos. Tendríamos derecho a la máxima libertad aunque no existiese ninguna institución que la reconociese. El problema con los derechos, así al natural, es que cualquiera puede vulnerarlos. Por ello se hace necesaria la existencia de alguna institución que castigue a los que violan el derecho a la natural libertad de los seres humanos. Para Locke,  no es que el derecho a la libertad exista porque haya algún Estado que lo garantice, sino que los Estados existen porque existen unos derechos naturales que hay que garantizar.  Esa es su razón de ser y su función fundamental. Ahora bien, garantizar el derecho a la libertad de todos implica poner límites a la misma.  El Estado debe reprimir la conducta de aquellos que, en el ejercicio de su libre albedrío, impidan o dificulten el ejercicio de la libertad de otros. Por ello, Kant, que en estas cosas pensaba de un modo muy parecido a Locke, plantea que en el Estado se da una cierta paradoja. De un lado, por su función ideal, aspira a la máxima libertad de todos pero, de otro, por su existencia efectiva, se mueve únicamente en el ámbito de la coacción. El Estado, por su misma naturaleza, debe ejercer una coacción sobre la libertad individual que debe estar al servicio de la libertad de todos. Kant y Locke coincidirían en una cosa: sólo debemos limitar la libertad individual cuando se pongan en peligro los derechos de los demás.  Este es el principio básico del liberalismo político y así lo reconocieron los franceses tras la revolución:

“La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos.” (Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, 1789)

La otra línea de fundamentación del principio liberal es la que se basa en las buenas consecuencias de la libertad para los seres humanos. Se trataría de argumentar que la existencia de las libertades civiles clásicas es indispensable para la felicidad, la realización personal y el progreso del ser humano. Este es el camino que siguen filósofos como J. S. Mill,  quien considera la libertad no como un don divino o un derecho natural, sino como algo que es beneficioso para lo que él llama “los intereses permanentes del hombre como un ser progresivo”.  Sobre esta idea ya hablamos hasta el hartazgo en el  garabato anterior y, como repetirse sobre temas aburridos va contra la cortesía más elemental, a él me remito: Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

Por otro lado, en defensa del liberalismo económico también podemos encontrar dos grandes familias de argumentos. De modo análogo a lo que ocurría con el liberalismo político, podemos encontrar una defensa del liberalismo económico basada en el derecho a la propiedad y otra basada en los maravillosos beneficios que tiene para la humanidad el libre mercado. La primera también tiene su origen en la filosofía de Locke, que no sólo postuló la libertad como derecho natural, sino también el derecho a la propiedad privada. Según este planteamiento, existiría un derecho a la propiedad que es previo e independiente de su reconocimiento legal. Por ello, el Estado mismo, cuya función sería la de proteger y garantizar ese derecho, no estaría legitimado a vulnerar la propiedad privada de nadie. Varios siglos después, Rober Nozick pulió y refinó este razonamiento con el fin de denunciar la inmoralidad de la socialdemocracia  y defender la necesidad de un Estado mínimo ultraliberal.  Según este filósofo, el derecho a la propiedad implica que ésta sólo puede ser transferida de modo voluntario.  Si una propiedad puede cambiar de dueño en contra de la voluntad del propietario, entonces no se puede decir que, en rigor, exista derecho a la propiedad.  Por ello – diría Nozick- cuando el Estado se arroga la potestad de distribuir la riqueza a partir de los impuestos, está infringiendo el derecho a la propiedad privada. Ofrecer una sanidad o una educación públicas a partir de los impuestos de personas que no quieren pagarlos sería sencillamente inmoral. Tanto es así que Nozick considera que la redistribución estatal de la riqueza vulnera la segunda formulación del imperativo categórico de Kant. Ahí es nada. Cobrar impuestos con fines igualitarios y redistribuidores significa no respetar a las personas, no tratarlas como seres autónomos y libres y, en definitiva, tratarlas como medios y no como fines en sí.

El segundo gran argumento que se usa en favor del liberalismo económico es el que se basa en la supuesta eficiencia y perfección de los mercados absolutamente libres. Esta teoría postula que cuando un mercado está totalmente libre de la intervención del Estado y se deja únicamente en manos de la acción de agentes egoístas, entonces la sociedad sale beneficiada y aumenta la riqueza.  Estos planteamientos tienen su origen en la obra de Adam Smith. Según este teórico, existiría un orden económico natural capaz de autorregularse sin necesidad de intervención estatal. Si el agricultor que cultiva trigo, el molinero y el panadero siguen únicamente su interés egoísta de obtener el máximo beneficio, se esforzarán al máximo por hacer bien su trabajo y la sociedad en su conjunto se beneficiará de un pan de calidad.  La libre competencia y el egoísmo de los agentes económicos bastan por sí mismos para regular los mercados y para que, al final, tengamos productos de calidad a un precio razonable. Si el Estado decide subvencionar el cultivo de trigo, fijar un precio mínimo para el kilo de harina o, qué se yo,  gravar la quinta barra de pan con un impuesto especial, se interviene en el orden natural del mercado y las consecuencias pueden ser catastróficas para los consumidores de pan. Así, los librecambistas argumentan que la economía en general está mejor sin la intervención de los Estados. Si se fijan, se trata de una afirmación que, de ser cierta, se podría corroborar de modo empírico. Basta con mirar a la realidad y ver si las economías liberalizadas funcionan mejor que las intervenidas (ejem, China, ejem). Nada más sencillo, la discusión se acabaría para siempre. El problema es que siempre que una medida liberalizadora tiene consecuencias negativas, el neoliberal argumenta que eso se debe a que las medidas se han tomado en un sistema que no está completamente liberalizado. ¡Acabáramos! Se trata de una teoría que sólo se puede verificar en el caso de que exista una economía global absolutamente libre. Imagínense que nos tomamos el trabajo de eliminar cualquier rastro de intervención estatal. Se eliminan todos los aranceles, las subvenciones al sector primario, la educación estatal, etc. Ya estaríamos en condiciones de poder corroborar o falsar la teoría pero ¿y si resultase ser falsa…?

Como ven, liberalismo económico y político se asientan en fundamentos distintos. Uno se basa en el derecho a la libertad y otro precisa para fundamentarse del derecho a la propiedad privada, uno se basa en las condiciones ideales que precisa el ser humano para su autorealización y otro en la eficiencia de los mercados. No existe ninguna necesidad que nos lleve de la aceptación de las libertades civiles y políticas a la completa desregulación económica. A la inversa, defender que los Estados deben proporcionar una serie de servicios públicos y mantener un cierto control sobre los mercados, tampoco conduce a un Estado totalitario. Quizás sea al revés. Quizas la completa desregulación de los mercados y el empequeñecimiento de los Estados causen más daño a la libertad individual que su contrarios. Como hemos visto más arriba, los teóricos del liberalismo político tuvieron mucho cuidado de fijar unos límites muy estrictos a la libertad. Ésta debía estar limitada por la posibilidad de vulnerar el derecho a la libertad de los otros o causar algún perjuicio a sus derechos fundamentales. Parece que los neoliberales no tienen los mismos escrúpulos a la hora de defender las libertades económicas. Permitir que un hatajo de irresponsables especulen y jueguen con la deuda pública de los países europeos, es defender la libertad de unos pocos para joder a una gran mayoría.  Permitir que las multinacionales se lucren con mano de obra semiesclava no es en modo alguno defender la libertad, sino la esclavitud. Desmantelar los servicios públicos básicos en nombre de la libertad para hacer negocio con ellos, significa privar de derechos a mucha gente. Deberíamos preguntar a toda esa gente que está siendo conducida a la exclusión social por el capitalismo triunfante si realmente se sienten más libres por el hecho de que los mercados financieros estén cada vez más liberalizados y desregulados. No poner límites a la libertad conduce inevitablemente a la ley del más fuerte y esto, amigos míos, es lo contrario de la civilización.

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‘Liberalismo político y liberalismo económico’ de Jorge A. Castillo Alonso en garabatosalmargen.wordpress.com está bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.

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9 Respuestas a “Liberalismo político y liberalismo económico

  1. algoban 15 enero, 2012 en 18:29

    En primer lugar para mí es un error asociar derecha con liberalismo e izquierda con no liberalimo, al menos en un sistema capitalista. Como mucho de posturas dentro de ese liberalismo (más o menos intervencionistas), ya que lo que haces es crear un binomio de pensamiento en mi opinión erróneo. Puedes revisar el gráfico de Nolan http://es.wikipedia.org/wiki/Gr%C3%A1fico_de_Nolan

    “hemos asistido al incremento sostenido de las desigualdades sociales y del sufrimiento global en nombre del liberalismo”

    ¿Datos? Podrías revisar las tasas de crecimiento y los índices de desiguldad en países donde existe cierto grado de liberalismo económico.

    “liberal en lo político y en lo económico (el ideal al que aspira EE.UU) y puede también ser contrario al liberalismo tanto en lo económico como en lo político (el comunismo real)”

    Las socialdemocracias escandinavas (he vivido en ellas) son liberales en lo económico con cierto grado de intervención. El estado regula via impuestos, pero el comercio es libre y está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda (si no lo crees demuestra que me equivoco). Por otra parte decir socialdemocracias cuando ha habido partidos liberales en el poder es omitir un dato importanto.

    El comunismo no es liberal en lo económico ya que es el estado u otro organismos quien controla el qué se produce, el cómo se produce y para quién se produce y no los individuos con sus acciones libres e individuales, por tanto existe un control sobre el mercado. Es la propia base del comunismo e incluso los comunistas la aceptan por considerarlo más justo (y he leído bastantes autores comunistas)

    “Basta con mirar a la realidad y ver si las economías liberalizadas funcionan mejor que las intervenidas (ejem, China, ejem). ”

    Considerar a China un éxito (economía regularizada por el estado) es, al menos, ridículo cuando es uno de los países con peor reparto de la riqueza (lo afirma el propio Noam Chomsky que no es precisamente liberal)

    Creo que cometes muchos errores para sustentar tu crítica, a parte de no dar datos (un ejem no es suficiente). Por cierto ni siquiera soy un liberalista convencido, ya que yo si creo en la intervención de los estados aunque estos se equivoquen.

    • altergrumph 16 enero, 2012 en 16:23

      Creo que gran parte de lo que me criticas se debe tal vez a que he usado el concepto liberal de un modo más laxo, o menos absoluto, que tú. Parece ser que has interpretado que cuando digo de la izquierda que no es liberal, quiero decir que está en contra de la existencia de una economía de mercado. No es lo que he querido decir. Cuando hablo de izquierdas y derechas y digo de la derecha que es afín al liberalismo económico, quiero decir que es propio de la derecha argumentar a favor de la más completa desregulación de los mercados y disminuir las atribuciones de los Estados en cuanto a prestación de servicios públicos. No quiero decir con ello que la derecha abogue por una economía de mercado y la izquierda no. Está claro que la gran mayoria de la izquierda de nuestro tiempo no es contraria a la existencia de una economía de libre mercado. Por ello, si quieres decir que la izquierda es liberal pero más intervencionista y la derecha liberal pero menos intervencionista, me parece bien. Quieres decir exactamente lo mismo que yo cuando digo que la derecha está más cercana al liberalismo económico que la izquierda. Se trata de una cuestión de grado, no de absolutos. Cuando digo de la izquierda que no comulga con el liberalismo económico, simplemente quierdo decir que es más proclive a la intervención en la economía y a la redistribución de la riqueza, vía impuestos, mediante subsidios, subvenciones y servicios públicos. Nada más. Con respecto al gráfico de Nolan, creo que expresa algo muy parecido a lo que yo he querido decir con este artículo. Lo único que he querido argumentar es que la libertad económica y la personal son distintas, independientes y se basan en supuestos teóricos distintos. Nolan, al separar la libertad económica y la personal en dos ejes, y posicionar las distintas ideologías con respecto a su cercanía o lejanía a cada una de estas libertades, está asumiendo -como yo- que libertad económiica y libertades civíles son independientes.

      Tienes razón en que he sido demasiado ambiguo en el párrafo en el que pongo ejemplos de países más o menos liberales en lo político o en lo económico. Es demasiado ambiguo decir, en la misma frase, que el comunismo real y las socialdemocracias non son liberales en lo económico. No he querido decir que lo sean en el mismo sentido. Permiteme que aproveche tu comentario para corregir esa ambigüedad. Ni pienso, ni sostengo, ni he querido decir que en las socialdemocracias no haya una economía de mercado. En ese caso cuando hablo de liberalismo lo uso como opuesto de socialdemocracia, no de comunismo. Creo que tampoco es una cosa poco frecuente. En muchos países existen partidos liberales y socialdemócratas y la gente los tiene como opuestos. Pregúntese a cualquier seguidor de algún ultraliberal como Nozick o Friedman si las socialdemocracias son liberales en lo económico y lo más seguro es que responderá que no. No porque no exista una economía de mercado, sino porque en una socialdemocracia el Estado es demasiado grande y tiene demasiadas atribuciones para el gusto de un neoliberal. La ambigüedad, culpa mía, radica en el hecho de que en la misma frase había dicho que el comunismo tampoco es liberal en lo económico y eso puede hacer pensar al lector que estoy diciendo que el sistema económico del comunismo y la socialdemocracia es el mismo. Nada más lejos de la realidad. Lo dicho. Permíteme que corrija esa ambigüedad: No sostengo, ni pienso, ni pretendo demostrar que en las socialdemocracias no exista una economía de mercado.

      Otra cosa que quiero aclarar. Nunca he querido decir que China sea un ejemplo de distribución de la riqueza, justicia social o, tan siquiera, de justicia en general. Sólo he insinuado que, si el neoliberal recalcitrante insiste en que las economías liberalizadas funcionan mejor que las intervenidas, en China tenemos un ejemplo de economía no totalmente liberalizada que va como una locomotora. Nada más. No me parece que China sea un ejemplo de modelo de sociedad al que aspirar en ningún sentido.

      Con respecto a la ausencia de datos, no está dentro de mi capacidad, ni de mis pretensiones establecer alguna tesis sustantiva sobre la relación de las políticas liberales con indicadores macroeconómicos. Mi pretensión con este artículo era sólo deslindar y separar las teorías en las que se basan el liberalismo político y el económico. Me pides datos que justifiquen mi afirmación de que las políticas liberalizadoras conducen a un incremento de las desigualdades sociales. En el siguiente enlace puedes ver el incremento de las desigualdades sociales en EEUU que ha acompañado al progresivo deasmantelamiento del New Deal:

      Sé que es sólo un ejemplo parcial y que la cosa es más compleja, pero esa afirmación no es lo central del artículo. De hecho es completamente prescindible para el desarrollo del mismo.

      Dices que mi crítica no se sustenta. No sé a qué crítica te refieres. La principal función de este artículo era expositiva, no crítica. Pretendia exponer de manera sencilla los fundamentos teóricos del liberalismo político y económico para mostrar que son independientes. A lo sumo, criticar la actitud que pretende vendernos estas dos libertades como inseparables. Un proposito bastante modesto. Es cierto que al final del artículo insinúo con un modesto “quizás” que la excesiva liberalización de la economía, entendiendo por ésta el desmantelamiento de los Estados de bienestar al que estamos asistiendo, pueda conllevar una perdida de libertad de los más desfavorecidos. Tampoco me parece una idea excesivamente descabellada ni que precise de ningún estudio estadístico. Si quitamos los sistemas de protección social, las opciones vitales de los pobres y los excluidos se verían seriamente dañadas.

      Agradezco sinceramente tus críticas porque, sin duda, mejoran el artículo obligándome a disolver las ambigüedades presentes en él.

      Un saludo.

      • algoban 16 enero, 2012 en 19:46

        Agradezco mucho el tono y las aclaraciones.

        Sí, tiendo a utilizar el término liberal quizás de una manera más laxa, por así decirlo, para designar aquellos mercados en los cuales se entiende que funcionan las leyes de la oferta y la demanda, donde no existe un control por parte del estado en las 3 condiciones que di en mi primer comentario, por eso que nos podemos encontrar un abanico muy amplio de posibilidades políticas. Cuando quiera a hablar de liberalismo extremo, uso los términos de laissez fairez o anarcocapitalismo, ya que estos, por definición, no tienen ningún control.

        Y sí, también es cierto que no es cosa poco frecuente y parte de razón llevas. Por defecto de forma, tiendo a tomarlo como liberalismo frente a comunismo porque en muchos casos se trata del discurso predominante que yo suelo encontrar. Pero también me he encontrado socialdemócratas que no saben que ellos defienden hasta cierto grado (bastante amplio) la economía de mercado.

        Hablas de las economías liberalizadas (entiendo que te refieres como extremo) y pones el ejemplo de EEUU (vídeo). 1º Tendríamos que decir si vale como ejemplo por tratarse de una economía totalmente liberalizada 2º Si no fuera así, tendríamos que encontrar una causa-efecto en el cual ese grado de liberalización sea el culpable de esa desigualdad. 3º Tendremos que definir que es que es éxito de una economía ¿Solo crecimiento?, ¿reparto de la riqueza?. Para saber si el ejemplo de China sirve (sé que lo aclaraste, pero insistes en que sigue siendo un motor). En respuesta a esas cuestiones.

        1. Yo no consideraría a EEUU una economía liberalizada*. Puedes revisar como ejemplos se me ocurren los impuestos que pagan http://en.wikipedia.org/wiki/United_States_federal_budget (los liberales extremos son totalmente contrarios) , o las patentes.

        2. La causa-efecto es lo que encuentras. Hablas de liberalismo*, pero lo cierto es que no conozco ningún país que lo sea. ¿Es ese grado de liberalismo el culpable?. En el caso de la crisis, por ejemplo, no es que me caiga bien Ron Paul, pero predijo la crisis siendo un liberalista muy extremo http://www.youtube.com/watch?v=pvlUx5ECD2w . ¿Estamos seguros que el problema es del liberalismo*? y si realmento lo fuera ¿no existiendo países totalmente liberales, no es más lógico pensar que quién tenía que controlarlo ha fallado? (es diferente a lo que tú expones ya que afirmas sí existen esos países) y no -lo que se suele escuchar- que se han rendido ante al liberalismo, ya que si se hubiesen rendido eliminarían directamente tasas, etc.

        En mi caso no lo tengo claro que sea el culpable el liberalismo, aunque nunca apoyaría uno extremo, ya que, como dices en tu antepenúltimo párrafo, hay cosas que son necesarias salvaguardar, y aunque este pueda generar riqueza no está de más salvaguardar cosas como la sanidad, educación, etc.

        La crítica a las que me refería son las que señalé en mi comentario (los señale), entiendo que era expositivo, pero también es cierto que diste una opinión personal en algunos aspectos. También es cierto (nuevamente) que aclaraste algunos de ellos

        *Me refiero a la definición de liberalismo extremo, la que usas en el artículo

  2. WatchBay 17 enero, 2012 en 22:23

    Un comentario para quien dice haber vivido en Escandinavia. ¿Puedes decirme cuantas marcas de leche existen en Noruega? Déjame decírtelo: Q-melk y Tine, ambas estatales. También te puedo dar ejemplos de Islandia si quieres. ¿Eso es economía liberal?
    Felicidades por el blog, Jorge. Soy tu compañero de filosofía en el instituto. Para muchos es tabú, pero déjame recomendarte la lectura del filósofo francés Alain de Benoist, cuyas críticas al liberalismo no tienen nada que envidiar al más coherente de los izquierdistas:
    http://www.alaindebenoist.com/pages/quiestadb.php?lang=es
    Saludos.

    • algoban 17 enero, 2012 en 23:35

      Me hace gracia tu comentario porque desprende cierta agresividad, además primero utilizas la 3ª persona y luego pasas a la 2ª en un tono

      Si quieres decirme que su economía no es liberal por sus marcas de leche, es para tomarselo un poco a risa. Deberíamos hacer una nueva definición en la cual el liberalismo se mida en función de la leche. También es curioso que nombres unicamente un país (teniendo en cuenta que utilizando una acepción amplia tenemos, 4 países o si hablamos de nórdicos, 5).

      Lo peor es que no tienes razón, ¿Tine es del estado? dame la información porque hasta donde yo sé es una SA (una cooperativa). Pero sí puede que tengas algo razón no hay liberalismo puesto que esta compañía tiene una posición mayoritaria cercana el monopolio, que por otra parte un ministro intento solucionar, y que no tiene muy contento a los noruegos. ¿Sabes los problemas que hubo en Noruega esto año por culpa de la mantequilla en Navidad? la gente iba a comprar la mantequilla a Suecia o Dinamarca. El caso de Q-melk es una coorporación sin ánimo de lucro que no significa que sea del estado, ya que pertenece a una fundación.

      Pero, ¿es propiedad del estado todo lo que se vende en las tiendas?. Coge un catalogo y me dices si no hay liberalismo. Y en ningún momento no he negado que haya control estatal. Sólo que para mí las cosas no son blancas o negras.

      Un saludo
      Si me equivoco estoy dispuesto a admitirlo, espero que hagas lo mismo

      En ninguno de los dos casos acertaste

  3. altergrumph 18 enero, 2012 en 15:36

    Agradezco mucho vuestros comentarios. Me encanta que haya gente que dedique parte de su tiempo a corregir, puntualizar, criticar y comentar lo que escribo. Agradezco todas vuestras aportaciones que, sin duda, enriquecen este blog.

    @algoban
    Voy a intentar precisar un poco los términos que empleo para evitar discutir sobre palabras. Por liberalismo extremo (o ultraliberalismo, o neoliberalismo, o como lo que queramos llamar) podemos entender aquel que aspira a la realización del Estado mínimo. Éste sólo tendría como atribuciones defender la propiedad privada, los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos. El Estado no prestaria servicios susceptibles de ser prestados por la iniciativa privada y nunca llevaría a cabo políticas redistribuidoras o destinadas a paliar las diferencias sociales. Según esta concepción, el Estado consistiría únicamente en la estructura mínima para realizar las funciones legislativa, ejecutiva y judicial. En tal caso los impuestos también serían mínimos, lo justo y necesario para pagar sueldos de políticos, jueces, policias y militares (aunque estos dos últimos servicios podrían subcontratarse a empresas del tipo de Blackwater). Entre los defensores del Estado mínimo está gente como los economistas Hayek y Milton Friedman, o filósofos como Robert Nozick. En cambio, el anarcocapitalismo daría una vuelta de tuerca más y abogaría directamente por la supresión del Estado. Nunca he tenido claro como pretenden garantizar el derecho a la propiedad privada sin un Estado que se ocupe de ello, pero tampoco he leído en profundidad a ningún autor anarcocapitalista. Parece ser que sus defensores más reputados son Rothbard y Hoppe.

    Tienes toda la razón al decir que, en sentido estricto, no existe ningún país absolutamente liberalizado. Eso no quiere decir que las posturas ultraliberales no tengan predicamento e influencia en la política actual. Mientras que el anarcocapitalismo no deja de ser una postura anécdotica y antisistema, el ideal del Estado mínimo sí que es algo a lo que muchos partidos políticos mayoritarios aspiran. Uso el ejemplo de EEUU porque es uno de los países que más se acercan a ese ideal. De hecho, creo que el progresivo desmantelamiento del New Deal se encuentra de algún modo motivado por ese ideal y prueba de ello es que las reaganomics estuvieron en gran medida inspiradas por Milton Friedman. Se trata de uno de los países desarrollados menos proclives al intervencionismo y a la prestación de servicios públicos. Basta con hacer notar lo llamativo que resulta que la primera economía del mundo no tenga un sistema público y universal de sanidad. Por ello creo que si queremos hablar de neoliberalismo (o como lo queramos llamar) , EEUU es un buen ejemplo.

    Sobre la cuestión de si se puede o no demostrar que las politícas liberalizadoras generan desigualdad. Pues no lo sé. Yo en esto de la economía no soy más que un aprendiz de brujo. SIn embargo, sí que se pueden apreciar claros indicios de que puede que así sea. Si aceptamos que EEUU es uno de los países más liberalizados y que, en cambio, los países escandinavos están más cercanos a la socialdemocracia, comparar las desigualdades sociales entre ellos podría darnos una idea del influjo de las políticas liberalizadoras en la desigualdad social. Aunque no soy un experto en economía, parece ser que el coeficiente gini se acepta como medida de las desigualdades:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_Gini
    Parece ser que, mientras que los países escandinavos son los que menos desigualdades presentan, EEUU arroja uno de los peores resultados de los países de la OCDE. Está claro que esto puede deberse a muchos otros factores, pero alguna influencia tendrán en ello las distintas políticas que tienen con respecto a la intervención del Estado en la economía y con respecto a qué servicios públicos debe prestar el Estado.

    Al margen de esto, cuando uno lee a algún defensor de la socialdemocracia como Rawls se encuentra con una seria preocupación por disminuir las desigualdades sociales y garantizar que el origen de calda cuál no sea un obstáculo a la igualdad de oportunidades. En cambio, cuando uno lee a algún defensor del neoliberalismo como Nozick se encuentra con que las desigualdades sociales no son más que algo connatural al ejercicio de la libertad individual. Sé que esto tampoco demuestra nada pero sí que muestra que las prioridades de cada uno con respecto a las desigualdades sociales son muy distintas.

    Como ya te dije, la idea que expresé en el artículo de que las políticas liberalizadoras incrementan las desigualdades sociales, no es la fundamental del mismo pero sí que aparecía en él y es cierto que la solté sin dar ninguna razón. Con este comentario he intentado precisarla, explicarla y argumentar a su favor.

    @WatchBay
    Hola Mariano. No sabía que leyeses mi blog. Le echaré un vistazo a Alain de Benoist. He he visto que tiene muchos textos online. Aunque eso de “Nueva Derecha” y “vuelta a las identidades locales” me echa un poco para atrás, olvidaré mis prejuicios y le daré una oportunidad. Gracias por la recomendación.

  4. algoban 18 enero, 2012 en 18:19

    Hola

    Sólo un apunte con lo de los EEUU. No se trara del país más liberal, al menos los estudios así lo dicen. Por delante estás Hong Kong, Singapur, Australia y 6 países más

    ¿Has revisado el índice de Libertad Económica? http://en.wikipedia.org/wiki/Index_of_Economic_Freedom . Hoy por el tema de la SOPA no se puede acceder (con google y caché puedes revisarlo). Fíjate que EEUU está en el puesto 10 y justo detrás Dinamarca que es un país nórdico (uno de tus ejemplos y donde dicen no hay tanta libertad) y tienen casi el mismo índice y es uno de los países del mundo con mejor reparto de la ríqueza según el índice Gini.

    Todos estos países están por encima de EEUU y sin embargo tú tomas como ejemplo a EEUU:

    Australia está por encima de EEUU en libertad económica (82.7) y tiene un índice Gini de 30.5. . Suiza tiene un índice del 81.1 de libertad económica y un coeficiente del 33.7. O incluso Canada con un índice del 79.9 y un índice del 32.

    Sí, los primeros puestos están ocupadon por países cuya libertad es alta y reparto medio. Pero entonces dados los datos ¿con qué nos quedamos?. Con los datos que nos interesan para sacar a flote nuestra teoría.

    Y mi conclusión es que esto no vale para nada, de la misma manera que no vale (en mi opinión) tu argumento sobre los EEUU, porque habría que entrar en muchas consideraciones para afirmarlo. Es decir no podemos tomar sólo los datos que nos interesan para criticar el liberalismo y no tomarlos todos, olvidarnos de las condiciones históricas, políticas y culturales y sobre todo olvidarnos que ningún país es totalmente liberal para quitar culpa a lo que hacen esos gobiernos y echar culpa al liberalismo.

    Un saludo
    Y de verdad que se agradece discutir contigo por el tono y el conocimiento que tienes

    @WatchBay
    Revisa los índices de libertad económica de los países nórdicos, ocupando los puestos en el mundo 11, 17 21, 27 y 40. El único por detrás de España en Noruega. Con índices todos por encima del 70% (salvo Noruega que está cerca). De los 5 países nórdicos tú me pusiste de ejemplo el del índice más bajo (¿eso no es buscar el sesgo que te interesa?), supongo que el resto de países no son nórdicos (o escandinavos). Aun así tiene un porcentaje del 68.8%. ¿Sigues diciendo que no son liberales?

  5. algoban 18 enero, 2012 en 18:42

    Me olvidaba algunas apuntes sobre tu comentario. El anarcocapitalismo para mí no es sino una ídea utópica sin aplicación práctica y cercana a la fumada, pero que tiene algunas ídeas positivas.

    Entiendo, además, que son necesarios autores opueston como Hayek, Marx, Mises o Keynes ya que dan una visión global y fundamentada en diferentes aspectos. Creo que de todos se puede aprender. En mi opinión el crecimiento económico no depende sólo del sistema (y ese es el error de muchos economistas), depende del contexto y del estado económico del país, así a lo largo de la historia hay ejemplo de liberalizaciones que han sido buenas (en términos de crecimiento) y de períodos intervencionstas que también. Por eso los estados deben reformarse para intentar ser lo más eficientes posibles y adaptarse a las condiciones y no convertirse en una locomotora vieja que dificulta y complica la vida a la economía y a los ciudadanos.

    Ahora el tema de la libertad individual no es una tontería en mi opinión, por eso el sistema económico idóneo no debe dejar de lado ni la libertad individual, ni la justicia social, ni el crecimiento o al menos debe tender a los tres. Y esto es muy complicado.

    Yo no me considero experto tampoco. La literatura econémica es muy amplia y contradictoria.

  6. altergrumph 20 enero, 2012 en 18:59

    Si es que esto me pasa por meterme a aprendiz de brujo. Estoy de acuerdo en que el intento de demostrar empíricamente una cosa o la otra es estéril. La cosa es demasiado compleja. Intervienen demasiados factores y no sólo económicos, sino también culturales.

    No sabía que hubiese un índice de libertad económica. Ni se me habría pasado por la cabeza pensar que algo así se pudiese cuantificar. He estado esta tarde echándole un vistazo a los datos del informe de dónde está sacado y la cosa es compleja. El índice de libertad económica es un promedio de varios indicadores o puntuaciones en ámbitos distintos. Por lo que he visto, los países escandinavos puntúan tan alto en libertad económica porque tienen puntuaciones altísimas en los indicadores relativos a la ausencia de corrupción, el derecho a la propiedad privada y todos los indicadores relativos a la libertad de comercio, inversión y demás. Sin embargo puntúan de un modo anormalmente bajo en libertad fiscal (tienen una carga fiscal muy elevada) y gasto estatal (puntuación baja quiere decir gasto alto). Precisamente esos dos indicadores son los que más relacionados están con la redistribución de la riqueza y la inversión en servicios públicos. Un dato curioso: Dinarmarca, la campeona nórdica de la libertad económica según el informe, tiene menos libertad fiscal que Cuba (¡Cuba!) y saca la misma puntuación que Cuba (¡y que Korea del Norte!) en gasto estatal (un cero patatero). Da que pensar. Sobre todo sabiendo que este índice de libertad económica ha sido elaborado por una fundación que tiene por objetivo: “promover una política pública de tendencia conservadora, fundamentada en los principios de libre empresa, gobierno limitado, libertad individual, valores americanos tradicionales y una fuerte defensa nacional.” Pero bueno, esto último es un ataque ad hominen y eso no está bien.

    El caso es que renuncio a aclararme con los datos. Lo único que podemos encontrar son ejemplos, contraejemplos y recontraejemplos. También hay países que puntúan bastante bien en el índice Gini y no tienen cargas fiscales tan elevadas, como puede ser Suiza. Así que es imposible encontrar una norma.

    Sin embargo, insisto en que la cuestión ético-conceptual también es importante. Un Estado que se interesa activamente por redistribuir la riqueza mediante servicios públicos y prestaciones sociales es un Estado más interesado en la justicia social. Y, en eso estamos los dos de acuerdo, se trata de un valor importantísimo.

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