Garabatos al margen

Filosofía, política y otras hierbas

Nozick y el Principio de mariquita el último

Aunque no sea muy de mi agrado, todos los cursos me veo en la tesitura de tener que presentar al señor Robert Nozick a mis alumnos. Explicar los fundamentos filosóficos del liberalismo salvaje suele provocarme una cierta desazón. Pero bueno, si explico las teorías filosóficas que hay detrás de la socialdemocracia, explicar también a Nozick parece una cuestión de honestidad intelectual, ya saben, por aquello de que censurar las ideas que no nos gustan no es una buena actitud democrática.

Cuando hay que explicar por qué los liberales piensan que el Estado no debe redistribuir la riqueza uno siempre se encuentra sin darse cuenta dándole vueltas al sacrosanto derecho a la propiedad privada. Y es que la fundamentación filosófica del Estado mínimo ultraliberal y la del derecho a la propiedad son la misma. La argumentación de Nozick en contra de la redistribución de la riqueza se basa en su teoría acerca de la justicia en la adquisición y transferencia de propiedades. Aunque su nombre asuste, se trata de una teoría que se basa en dos principios muy sencillos:

  • Principio de justicia en la adquisición: Si algo no es de nadie y no perjudico a nadie adquiriéndolo, entonces puedo quedarmelo.
  • Principio de justicia en la transferencia: Las transferencias de propiedad deben ser siempre voluntarias o, lo que es lo mismo, el agente que la realiza debe querer hacerlo.

La crítica de Nozick a la socialdemocracia desde estos principios es sencilla. Cuando el Estado utiliza los impuestos para redistribuir la riqueza vulnera el segundo principio y, por tanto, el derecho a la propiedad privada. Si alguien quiere redistribuir su riqueza, diría un liberal, que lo haga mediante donaciones voluntarias pero el Estado no puede obligarnos a ello y santas pascuas.

El caso es que a los alumnos este segundo principio no les llama la atención pero el primero siempre les causa estupor y asombro. Lo primero que suelen manifestar es extrañeza ante el hecho de que algo pueda no ser de nadie. Vivimos en un mundo en el que todo lo que consideramos que es legítimo adquirir es ya propiedad de alguien. La idea de algo que no pertenezca a nadie les parece una abstracción filosófica demasiado alejada de la realidad. Entonces intento hablarles de que la propiedad tuvo que originarse en algún momento y que, por tanto, tuvo que haber un tiempo en el que nada pertenecía a nadie. Para ilustrar esto les pongo el ejemplo de la colonización del Nuevo Mundo y, al final, acaban más o menos convencidos de que hubo un tiempo en el que no todas las cosas tenían propietario.

Llegado este punto siempre hay algún alumno avispado que, como si el espíritu de Proudhon le hubiese susurrado al oído, manifiesta que el primer principio no le parece justo pues el hecho de llegar el primero a un sitio no te da derecho a decir que es tuyo. No les falta razón y es que el momento fundacional de toda propiedad privada no es un evento que tenga mayor dignidad que, cuando siendo niños, echábamos a correr y gritábamos ¡Mariquita el último!

Por ello el otro día en clase el Principio de justicia en la adquisición quedó rebautizado como Principio de mariquita el último. No sé si es apropiado pero la cosa les hizo gracia y supongo que hará que se les quede y no tengan que memorizarlo para el examen.

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‘Nozick y el principio de mariquita el último’ de Jorge A. Castillo Alonso en garabatosalmargen.wordpress.com está bajo licencia  Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.

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6 Respuestas a “Nozick y el Principio de mariquita el último

  1. Campanilla 15 marzo, 2011 en 09:48

    El problema que tienen estas entradas es que no dan lugar a comentario.
    Estas de acuerdo y no hay nada mas que añadir.
    No obstante como siempre da mucha alegría eso de le comenten a uno, aquí dejo el mío felicitándote por la entrada que es muy didáctica.
    Por otra parte no creo que explicar a Robert Nozick sea una cuestión de honestidad intelectual, una cosa es explicar algo que esta ahí y otra muy distinta dogmatizar.
    Si después de explicarlo te sale algún neocon convencido, pues mira, ha sido libre para elegir desde el conocimiento de lo que había.
    Pero creo que es siempre positivo presentar toda la baraja, y que cada cual se quede con la carta que mas le guste.

    • altergrumph 15 marzo, 2011 en 15:40

      Pos tienes razón se agradece cualquier comentario. 🙂

      Lo de la honestidad intelectual era una exageración. Aunque es verdad que hay veces que me toca explicar cosas que me causan urticaria, lo bonito de la asignatura es precisamente presentarles, como tu dices, toda la baraja y que ellos elijan.

  2. Campanilla 15 marzo, 2011 en 18:28

    Yo creo que aunque cause urticaria es interesante, el otro día me comentaba un colega tuyo, Ciro, que da educación para la ciudadanía o como se llame ahora que estuvo explicando a sus alumnos el senado y su funcionamiento, los alumnos entonces afirmaron lo evidente, “entonces no sirve pá na ¿no?”.
    La idea que intento transmitir con la anécdota es que hay ciertas cosas que una vez explicadas resultan evidentes, creo que el objeto de la educación es sentar las bases para que el alumno pueda razonar y llegar a sus propias conclusiones.
    Es decir el liberalismo salvaje esta ahí, es bueno que sepas que existe tu veras si es algo beneficioso o no para ti.

    • altergrumph 16 marzo, 2011 en 08:12

      Es curioso. A mí me pasa exactamente lo mismo cuando les explico las “funciones” del senado en Educación ético-cívica ¿Por qué será?

      • Campanilla 16 marzo, 2011 en 13:48

        No me lo puedo ni imaginar…
        La utilidad es clara, darle un sueldo del estado a aquellos que tenga a bien el partido político en cuestión.

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