Garabatos al margen

Filosofía, política y otras hierbas

Gorgias, Humpty Dumpty y el significado de las palabras

Al pensar sobre estas cosas me ha venido a la cabeza la indignación que, siendo niño, sentí al enterarme de que la República Democrática de Alemania no era una democracia. Recuerdo que enseguida le pregunté al maestro por qué se llamaba así si no era una democracia. No supo qué responderme. Normal. Supongo que es difícil explicarle a un niño que las palabras no siempre significan lo que significan. Aún vuelvo a experimentar esa misma indignación siempre que me encuentro en un supermercado con esos paquetes en los que se puede leer ‘queso para sandwich’ y que contienen tan sólo un 40% de queso. Usar la palabra ‘queso’ para referirnos a algo que no es queso es uno de los engaños más viles que se pueden concebir. Rompe el acuerdo básico que hace posible que nos comuniquemos con los demás; a saber, que las palabras tienen un significado determinado que todos conocemos. Si ‘queso’ no significa queso y ‘democracia’ no significa democracia, entonces es imposible que dos personas lleguen a ponerse de acuerdo sobre los derechos civiles de los productores de queso.

Gorgias, uno de los malos de la historia de la filosofía, elaboró una teoría que explica por qué no hay nada malo en cambiar el significado de las palabras a nuestro antojo. No se trataría de una acción reprochable porque el lenguaje no tiene la capacidad para significar algo objetivo. En realidad para este maestro de la retórica no existe ninguna realidad objetiva que podamos comunicar. Pero, y aquí viene lo más gordo, aunque esa realidad existiese tampoco podría ser representada lingüísticamente porque el lenguaje no tiene nada que ver con aquello que pretende representar. La palabra ‘rojo’, diría Gorgias, es un sonido y, por más que queramos, no puede transmitir o comunicar la realidad rojo porque ésta es un color. Los sonidos ni son ni pueden transmitir sensaciones visuales, táctiles o de cualquier otro tipo y, por tanto, el lenguaje no sirve para comunicar ninguna realidad exterior.

Esta extravagante teoría —hay que recordar al lector que tiene más de 2500 años y que por aquel entonces no existían ni la semántica ni la lingüísitca— le sirvió a Gorgias para llamar la atención sobre otra de las funciones del lenguaje. Todos sabemos que el lenguaje no sólo sirve para decir cómo es el mundo (‘el gato está sobre la alfombra’) sino también para influir sobre la conducta de los demás (‘no estaría mal que me invitases a una taza de té’). Gorgias, al negar que el lenguaje pueda cumplir la primera de estas funciones, elige quedarse sólo con la segunda. El lenguaje, nos diría Gorgias, no es un instrumento que sirva para representar la realidad sino para dominar y manipular al otro, para convencerlo y plegarlo a nuestra voluntad. El que mejor maneja el lenguaje no es el que emplea las palabras de acuerdo con su significado habitual sino el que más éxito tiene convenciendo a los demás. No se trataría en este caso de convencer al otro de un modo racional y argumentado porque para hacer algo así es necesario que las palabras tengan un significado común. Se trataría más bien de persuadirlo o “hechizarlo” para que comulgue con nuestras ruedas de molino.

El espíritu de las teorías lingüísticas de Gorgias fue representado por Lewis Carrol en Alicia a través del Espejo mediante el personaje de Humpty Dumpty. Este sofista con forma de huevo emplea las palabras a su antojo provocando confusión en sus interlocutores. En un conocido pasaje de esta obra, citado innumerables veces por analistas de la pragmática y filósofos del lenguaje, Alicia protesta ante el uso arbitrario que Humpty Dumpty hace de las palabras. No es posible —arguye Alicia— que cada cual utilice las palabras como mejor le convenga sino que hay que usarlas de acuerdo con su significado. El sofista ovoide le responde que lo importante no es saber lo que las palabras significan sino “saber quién manda”. Las palabras no tienen un significado fijo que todos compartamos sino que éste depende de quién tenga el poder.

Gracias a Gorgias y a Humpty Dumpty ya podemos hacernos una idea de por qué ‘ataque preventivo’ significa ‘invasión y ocupación de un país durante siete años’; de por qué ‘establecer una zona de exclusión aérea’ significa ‘bombardear el palacio de Gadafi’; de por qué para las grandes empresas ‘tener perdidas’ significa en realidad ‘obtener menos beneficios’ o de por qué a nuestro gobierno le gusta llamar ‘ajustes’ a los ‘recortes sociales’. Para entender estos desbarajustes semánticos no es necesario conocer el significado de las palabras sino que nos basta con “saber quién manda”.

Los que pensamos que el lenguaje sirve para entendernos y que las palabras tienen un significado, seguiremos indignándonos cuando alguien intente vendernos como queso algo que no es queso o cuando alguien nos presente algún recorte de las prestaciones sociales como un ajuste necesario. La semántica se vuelve endiablada cuando se mezcla con la política y el uso de la palabra ‘ajuste’ es cualquier cosa menos inocente. La idea de que es necesario que nos ajustemos parece implicar que venimos de una situación anormal y que debemos resituarnos en la normalidad. Debajo de los discursos ajustadores siempre late la idea de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y de que el necesario ajuste nos hará retornar a un estado en el que viviremos como nos merecemos. Perdónenme pero ni el mismísimo Gorgias, que se jactaba de poder convencer a cualquiera de cualquier cosa, sería capaz de hacerme creer que he vivido por encima de mis posibilidades y que merezco ser “ajustado”.

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‘Gorgias, Humpty Dumpty y el significado de las palabras’ de Jorge A. Castillo Alonso en garabatosalmargen.wordpress.com está bajo licencia  Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.

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13 Respuestas a “Gorgias, Humpty Dumpty y el significado de las palabras

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  2. Campanilla 7 abril, 2011 en 08:04

    Muy buen articulo, en serio, nada que añadir, me quito el sombrero y me hago habitual de este blog .

  3. Campanilla 7 abril, 2011 en 16:05

    Pues ya estas tardando 🙂
    Ale a escribir!
    besicos

  4. Paqui 9 junio, 2011 en 13:42

    El artículo está muy bien: ameno y claro. Por cierto, me ha llamado la atención la ausencia de imágenes en tu blog.
    Soy poco amiga de comunicarme por internet, pero al menos es agradable ver que hay gente que lo utiliza para hacer algo interesante.

    • altergrumph 10 junio, 2011 en 08:00

      Gracias por el cumplido Paqui. No tengo imágenes en el blog porque la mayoría de las veces cuesta trabajo saber bajo que licencia están y así no me arriesgo a meter nada con copyright. Además soy muy malo con eso del diseño y, aunque sé garabatear, no sé dibujar 🙂

  5. Priscila Morbello 9 junio, 2011 en 15:04

    Muy pero muy bueno! Gracias por compartirlo 🙂

  6. Prigman 21 octubre, 2011 en 16:23

    Estupenda esta entrada! Te enlazo para seguir visitándote.
    Un saludo.

  7. Udi 30 diciembre, 2011 en 18:11

    Muy bueno, en tiempos en que se cuestiona el “relato” armado desde los mass media, tu artículo ofrece sustento teórico.

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